Historia sobre los escudos de armas

Desde los comienzos del primer milenio, los escudos de armas comienzan a cautivar el interés de los hombres de guerra, y ya por los siglos XVI y XVII ocupaban una posición histórica y representativa sobre todo entre la nobleza.

A principios del siglo XII, cuando la era de los caballeros armados, estando en el campo de batalla, debido a la semejanza de los yelmos y armaduras que portaban estos soldados, los cuales les cubrían de la cabeza a los pies, resultaba muy difícil poder identificar quien era el enemigo o el compañero de lucha, sin ver claro a quien atacar o de quien defenderse con el consiguiente peligro que eso supone.

Evolución de los escudos de armas y significado

Alguno de esos caballeros tuvieron una brillante idea para distinguirlos: pensaron en pintar coloridos dibujos o insignias en sus escudos de guerra, y dotarlos de personalidad con referencias claras a su bando, así como a su propia estirpe. Eventualmente estas insignias se fueron popularizando y se comenzó a bordar con todo lujo de detalles en los abrigos o capas que se usaban encima de las armaduras. Muy especialmente se utilizaron en las justas o torneos para identificar a los contendientes, y hasta los propios caballos lucían con esplendor elegantes y vistosos trajes que ostentaban los colores y emblemas de su amo para un mayor lucimiento y espectacularidad en la contienda.

Con el tiempo sirvieron como distintivos de linajes familiares e indicativos de nobleza, con motivos y diseños totalmente personalizados y acompañados muchas veces de leyendas o lemas particulares, y de uso absolutamente registrado ya en la antigüedad y legalizado incluso hoy día por determinados organismos oficiales. Era el estandarte de todo un apellido: historia pura a través de un logo identificativo que englobaba a todo el clan, y que además servía para dotarlo de categoría ante el resto.