TRANSCRIPCIÓN DE DOCUMENTOS

AÑOS 2001 A 2012

 

 

 

 

 

240.-     Año 2008.-  Citas del linaje Chacón en la obra de D. Juan Manuel Moreno García: “Antequera Callejero histórico”.

En el Capitulo de la Calle Pasillas:

Los Chacones se establecieron en calle Pasillas mucho después que los Narváez. Gonzalo Chacón, Alférez y Alguacil Mayor y sus hijos y descendientes, ocuparon siempre  sus moradas en la calle Ancha de la Villa. Hasta que en 1679 el Rey Carlos II otorgó el título de Conde de Mollina a Don Francisco Chacón Enríquez quien probablemente a partir de esta fecha pasase a vivir a calle Pasillas aunque no por mucho tiempo.

En el Capitulo de la Calle del Río:

En 1710 son vecinos  de la Calle del Río Don Gabriel de Ribas desposado con Doña Beatriz de Haro y su hijo el Presbítero Don Luís de Ribas. Sigue la casa Chacón de Valenzuela personificada en Doña Felipa, Doña Florencia y siete personas más. Doña Felipa falleció en la Calle de Río en 1727, testó ante el Escribano Baltasar Francisco Castellanos y legó a la Virgen del Rosario un anillo de oro y esmeraldas.

En el Capitulo de la Calle de los Chacones: 

         Calle desaparecida perteneciente a la feligresía de San Isidro desde 1590-1667. Estuvo situada por encima de la Calle Palomos. En 1571 tuvo dos casas en ella Juan de Ojeda. En 1590 contabilizó 15 vecinos, entre ellos Francisco Chacón Narváez desposado con María Fernández de Salinas y su hijo Francisco Chacón, además de Francisco Martín Pedraza  y Martín Alonso Recio. Tuvo su asiento en ella el linaje Chacón desde las primeras décadas del siglo XVII hasta que alcanzado el Marquesado de Cela pasaron después en los siglos XVIII y XIX a establecerse en la Alameda y calle Mesones buscando la colateralidad con la burguesía antequerana. Desde 1667 por determinación del Señor Obispo de Málaga Fray Alonso de Santo Tomás desapareció la Calle de los Chacones y su feligresía se integró en la Calle Palomos (mitad al cuidado de la parroquia de Santa Maria, mitad al cuidado de la de San Juan).

En el capítulo Plaza de Capuchinos, al hablar de una visita de Eugenio Noel, dice:

Y Rafael Chacón Enriquez, el veterano, el aristócrata, no se cansa de hablar de los viejos tiempos de la historia de Antequera tan olorosos como el vino que se guarda en las bodegas abaciales. De Rafael Chacón (dirá Eugenio Noel) que es imposible olvidarle, lleno de talento, de fe, de bondad, envenenado todo entero por el amor de las rancias épocas en las que sus antepasados ocuparon los altos sitiales de oro. ¡¡Oh, si vierais  aquél rostro suyo palidecer cuando en la iglesia de San Sebastián ante el sarcófago de Narváez decía: Este esqueleto tiene un fémur de uno de los Chacones!!.

En el capítulo Alameda de Andalucía, sobre Rafael Chacón Enríquez, memorable personaje de la Alameda:

Nació nuestro personaje en la anchura de la Alameda, a un tiro de piedra de la Capilla Tribuna de la Virgen de los Remedios, en el centro cronológico del siglo XIX. Hay que rastrear su estirpe hasta enlazar con aquel famoso caballero Gonzalo Chacón que acompañó al Infante Don Fernando en la conquista de Antequera en 1410 y luego se afincó definitivamente en la ciudad y ostentó el cargo de Alférez y Alguacil Mayor. Los Chacones (Señores de Chacón Aguilar, Chacón Urbina, Chacón Romero de Cisneros y Chacón Enríquez) tuvieron sus casas principales en la Alameda antequerana en línea con la acera derecha de la calle Cantareros. Presidía el vestíbulo de la mansión un bellísimo óleo de proporciones gigantescas con el blasón del ilustre apellido dividido en cuarteles. En el primero y en el cuarto, sobre fondo de plata, un lobo andante de sable. En el segundo y en el tercero, de azur, una flor de lis de oro. Tapices, cortinajes y alfombras realzaban el exquisito gusto de quienes habitaban en ella.

Fue en este elegante escenario donde tuvo lugar la infancia de nuestro personaje. Las semblanzas escritas que se han hecho de Rafael Chacón y han llegado hasta nosotros, enfatizan el sello bohemio, estrafalario y trotamundesco de su persona. Muchos dicen que acabó su vida en la mayor de las miserias; quedóse sin arrestos suficientes para trabajar ordenadamente y ahorrar para su vejez. Pudo ser verdad, pero no es toda la verdad.

Era un asténico. Quienes lo conocieron dicen que le costaba arduo sacrificio hacer una cosa. Mucho más hacer dos. Anduvo por Europa, de un lado a otro, y frecuentó los círculos literarios y artísticos de Madrid y Barcelona entre los años 1890-1910. Allí se europeizó. Después regresó a su Antequera del alma haciendo ver a sus compatriotas que era “culto y políglota”, pues hablaba perfectamente el francés y el italiano y conocía también el inglés y algo de alemán. Apoyado en su hermano Alfonso (Alcalde de Antequera por tres meses) solicitó insistentemente el cargo de Archivero Municipal sin poder conseguir un nombramiento definitivo a su satisfacción. Entró entonces –a partir de 1910- en las faenas y tertulias literarias de la ciudad. Publicó artículos en El Heraldo de Antequera, en la Unión Liberal y en Patria Chica (de la que llegó a ser Director en 1916). Fue creador de las Revistas La Malva, Papabellotas y Don Manolito. Se le veía con frecuencia pasear por las calles, el cigarrillo prendido entre los labios y el cayado del bastón a las espaldas cogido el barrote entre sus dos manos. Desaliñado en el vestir y ajeno al que dirán.

Antequera tiene una asignatura pendiente con este hijo suyo, en cuya persona concurrieron junto al yerro y las malas usanzas, la virtud y elegancia del espíritu. Hablemos hoy del otro Rafael Chacón. Del escritor y no del escribidor. Esto es, del que vivió para escribir y no escribió para vivir. Del defensor acérrimo de la Ciudad de Dios. De quien supo derribar los pies de barro de los héroes míticos y el secular estado señoritil antequerano tan distinto y distante de los afanes sencillos de las clases populares. De quien vino a menos porque nunca dejó de ser más.

Rafael Chacón es, pues, un exponente del humanismo antequerano digno de rescate. Vale por el interior de su espíritu y no por el frágil envoltorio de su carne y endebleces. Vale por el amor a su tierra, a su historia, a sus tradiciones y su arte. Vale por lo mucho bueno que dijo de Socorro y Paz, de Remedios, Soledad y Consuelo. Pero sobre todo, Rafael Chacón Enríquez vale por el ejercicio de un periodismo agresivo y veraz, testimonial y didacta, que no se compra ni se vende. Que dice verdades como puños.

Gustó de utilizar el seudónimo de “Papamoscas” en sus primeros escritos. Después prefirió estampar su propio nombre al pié de sus artículos, así de sencillo y así de claro. Fue extraordinario amigo de sus amigos, entre los que hay que citar al Sr. Alcalde Don Francisco Guerrero Muñoz (a quien le regaló un cuadrito al óleo sobre la inauguración de la Capilla de San Salvador compuesto por sus propios pinceles), al charlista y literato Eugenio Noel y a su paisano Luis Moreno Rivera.

Ambicioso de verdades, aplicado, impaciente y en constante tensión hacia lo eterno. Hay que hablar de él cuando se cita a la Alameda antequerana. Imprescindible.

 

241.-    Año 2008.-  LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE ANTEQUERA.- Por José Escalante Jiménez, Director del Archivo Histórico Municipal de Antequera.

El término “maestranza”, designa a las sociedades o también llamadas cofradías de caballeros, cuyo instituto y fundación en origen, era el ejercitarse en la equitación. Nace a iniciativa de la Corona, a fin de que la nobleza, se ejercitase en el manejo de las armas. La caballería era un arma fundamental en la estructura de los ejércitos durante la edad moderna, el rey necesitaba disponer de una buena masa de jinetes bien entrenados y dispuestos para intervenir militarmente.

         El único problema que se planteaba era el alto costo de mantener una fuerza operativa de estas características. Con las maestranzas se obtenían escuadrones de caballería, perfectamente entrenados y gratis. La formula planteada  era ingeniosa: por un lado se ilusionaba a los jóvenes nobles para que se entusiasmaran ante la posibilidad de formar parte de un cuerpo de honor y por otro, se halagaba su orgullo de caballeros dispuestos a dar la vida si era necesario por la persona de su rey y la integridad de la patria.

         Se comenzó dando a estas corporaciones un sentido religioso, constituyéndolas como cofradías, sufragaban ciertas celebraciones religiosas, como las fiestas  de los Santos Patrones, titulares, organizaban espectáculos, como los juegos de cañas, follas y toros, al tiempo que se ejercitaban en el manejo de las armas.

         En este sentido las Reales Maestranzas, se organizan, estructural y corporativamente como cofradías, de esta forma, tenían un hermano mayor, cargo que, en principio le era reservado al rey, un maestro, un fiscal, diputados, escribano, portero, capellán, y cargos propios como el comisario de clarines.

         Es Felipe II, quien creó la primera Maestranza, mediante una Real Cédula dada en Madrid el 6 de septiembre de 1572. El rey argumentaba que para proteger a la corona convenía que los caballeros que tenían escaso conocimiento de artes militares formaran cofradías con el patrocinio de algún Santo. En principio la Real Cédula, es remitida a las ciudades de Ronda, Sevilla, Jerez y Antequera.

Atendiendo a los deseos de Felipe II, los caballeros de Ronda en Junta del 3 de agosto de 1573 forman la Maestranza de Caballería de Ronda con el patrocinio de Nuestra Señora de Gracia. Se constituyen con un número ilimitado de miembros, para formar parte de ella se exigía ser español, profesar la fe católica, probar la nobleza de sus dos primeros apellidos, acreditar una excelente conducta moral. El uniforme que usaban se componía de espada con empuñadura ornamentada, casada y pantalón de paño azul, cuello, solapa y chupa encarnada.

En Sevilla, la nobleza constituye su cofradía o maestranza con el patrocinio de San Hermenegildo, siendo disuelta al poco tiempo, reconstituyéndose a mediados del siglo XVII, y nuevamente incentivada por Felipe V en la segunda década del siglo XVIII.

En cuanto a Antequera, se conserva la Real Cédula mandando constituir la cofradía de caballeros, que junto a esta líneas reproducimos:

“Concejo, justicia, regidores, caballeros, jurados, escuderos, oficiales y hombres buenos de la ciudad de Antequera, sabed que algunas personas celosas de nuestro servicio y del bien nos han hecho relación y representado que como sabíamos en estos nuestros reinos cuanto en otros lugares de la cristiandad había gran nobleza y número de caballeros cuyo propio oficio, ministerio y ocupación cumpliendo con la obligación de su estado y con lo que así mismo deben era el uso y ejercicio de las armas y el estar muy dispuestos y aparejados para las ocasiones de nuestro servicio y de la causa y que así en los tiempos antiguos acostumbraron estar muy en orden de caballos y armas y muy usados y ejercitados en los actos militares y que ahora parte con la paz y ocio de tantos años que ha causado en esto de las armas descuido parte por ocupaciones e impedimentos mucha parte de la dicha nobleza y caballeros estaban desarmados y sin caballos y con muy poco uso y ejercicio de las armas y actos militares, lo cual iba de cada día en tanta disminución y quiebra que consiente el estado de que tan principalmente perdía la fuerza de nuestro servicio y la seguridad y defensa de los reinos, como quiera que los ánimos suyos estarían siempre muy prontos y dispuestos para nos servir se hallarían con tan poco aparejo y disposición y tan impedidos que lo pudiesen mal hacer...

...sería muy conveniente que en las ciudades, villas y lugares de estos reinos los caballeros y hombres principales y de igualdad fundasen e instituyesen entre sí alguna cofradía, compañía o orden debajo de la advocación de alguno santo con las ordenanzas, condiciones y capítulos que por ellos entre otras cosas, se ordenasen fiestas en algunos días señalados, de justas torneos y juegos de cañas y otros ejercicios militares...(1).

La ciudad de Antequera, se reunió en Cabildo el diez de octubre de 1572, dando traslado de esta Real Cédula, y remitiendo a su majestad el acuerdo tomado sobre instituir en la ciudad y por sus hijosdalgos, una cofradía de caballeros en conformidad con los deseos reales (2).

En realidad en Antequera, existía desde antiguo el gusto por parte de la nobleza local de la práctica de ejercicios de caballería, entre los que destacaban los que ellos llamaban follas, lance del torneo en que batallaban dos cuadrillas desordenadamente, en el que tenía participación un toro este divertimento se conocían en la ciudad desde su conquista, de hecho se conservan dos Reales Provisiones una de 1571 (3) y otra de 1575 (4), por las cuales se mandan absolver de la censura eclesiástica a los caballeros de Antequera, que en los días festivos de San Juan Bautista y de la Asunción habían corrido y lidiado toros y se había ocupado de otros festejos. La Real Cedula de Felipe II, viene pues, a suponer un respaldo legal para el desarrollo de estas practicas censuradas y prohibidas por la estricta y mediática mentalidad eclesiástica.

Sabemos que al menos hasta 1703, los caballeros antequeranos continúan de forma habitual con las prácticas de correr toros y los lances de follas, ya que en este año el Concejo recibe otra Real Provisión (5) de su majestad, en la que se manifiesta que los caballeros  de esta ciudad, habían presentado petición “...diciendo que de tiempo inmemorial a esta parte desde el día de San Juan de cada año hasta fin de octubre estaba en estilo hacer un festejo en esta ciudad en la plaza y coso de San Francisco todos los domingos y días festivos que de le daba el nombre de folla porende se ejecutaba el manejo de los caballos haciendo escaramuzas y los demás ministerios en que era preciso tuviesen escuela para si se ofreciera ir a serviros con ellos que estuviesen diestros; y se corrían tres o cuatro toros, o novillos con cuerda atándolos a una argolla que hay en mitad de la plaza”, en la que se ratifica la práctica, de estos divertimientos, ante un nuevo intento por parte de la iglesia de suprimirlos.

Debió de existir algún tipo de problema algunos años después, ya que en octubre de 1727, don Diego Chacón de Rojas y su hijo Juan, elevan un memorial al rey, en el que manifiestan “..compadecidos algunos caballeros procuran desterrar una tan vergonzosa como torpe desidia, afrenta del honor y lunar ofensivo de la nobleza...”, continuando “...cuán conforme a las leyes de la milicia, cuan decente al estado de los nobles, el loable ejercicio de los caballos que en esta Maestranza como escuela de Marte se aprendía, no tanto con las reglas cuanto con la experiencia, sirviendo de incentivo la emulación y de espuela el honor”. Este memorial, forma parte de un interesante expediente que se conserva en el Fondo del Ministerio de la Guerra, en el Archivo General Militar de Segovia, intitulado: “REGLAS DE LA MAESTRANZA DE LA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE ANTEQUERA, dirigida con estatutos a el más gallardo acierto, que asegura en el patrocinio de MARÍA SANTÍSIMA y soberana Princesa con el glorioso apellido de LOS REMEDIOS, patrona esclarecida de esta ilustre República. Y ahora por elección de lo más generosos y nobles Individuos, Maestra, Protectora de bizarros intentos, Para gloria de Dios, Lustre de la Ciudad, Blasón de la Nobleza”.

En este expediente se recogen entre otros documentos, la respuesta real al memorando en la que se ordena la reconstitución de la Maestranza antequerana, en estos términos:

“Por parte de D. Diego Chacón de Rojas, D. Juan Chacón de Rojas y otros caballeros de esta Ciudad, se representó que en ella había la costumbre inmemorial de varias fiestas, que daban principio el día de señor San Juan y señor San Pedro, y proseguían todos los domingos, hasta el me de Noviembre que empezaban las  lluvias, que estas fiestas se llamaban follas y que se reducían a diferentes manejos a caballo a la jineta, y brida, de cañas, alcancías, escaramuzas, cabezas, sortija, y estafermos en que no solo se ejercitaban los caballos, sino todos los caballeros en el manejo de las armas, y escuela de caballos con la cual estaban prontos, para servir a su majestad, como lo ejecutaron el año de 1702 cuando los ingleses tomaron el Puerto de Santa María, y en los años de 1704 y 1706, que se asistieron a Málaga, lo que no pudieran haber hecho de no estar ejercitados en estos ejercicios y tener caballos prontos, y habiendo su majestad mandado prohibir el uso de pistolas, habiendo cesado por esta razón los expresados manejos de que resultaba no haber sujetos prácticos, y perderse la afición a la cría de caballos lo que su majestad por repetidas órdenes modernas tiene mandado se cuide, a fin de conseguir su aumento y conservación y que para que en esta ciudad pudiese haber abundancia de ellos, y estar ejercitados y prontos no sólo para cualquier urgencias del Real servicio, así de guerra como de fiestas reales y los caballeros, y sus hijos en el manejo de las armas, suplicaron se sirviese concederles el uso de las pistolas, cuando salgan a caballo; y enterado el Rey de todo lo referido y de lo demás que la Junta de Caballería del Reino paso en su real noticia; por resolución a consulta de ella de 5 de octubre del año próximo pasado ha venido su majestad en conceder licencia al referido D. Diego Chacón de Rojas, D. Juan Chacón de Rojas y a otros caballeros de esa Ciudad para que lleven pistolas de arzon a caballo cuando vayan a hacer los ejercicios y con declaración de que siempre, que cualquier de estos caballeros y de los que se recibieren para estas funciones  de plaza llamadas follas fuere a caballo en  su traje natural de caballero, sin reboso por la calle a paseo público, se entienda y deba entender como acto de este ejercicio, sin que pueda ser reparo el si rodea o no para ir a sus funciones y picaderos en la misma conformidad que se sirvió su majestad concederlo a las hermandades de la Maestranza de las ciudades de Sevilla y Granada, de cuya Real deliberación participo a V.S. de acuerdo de la Junta a fin de que enterado de ella, a los mencionados caballeros no se retarde, poner en práctica este noble ejercicio, como lo espera la Junta de su celo, por lo importante que es a la buena enseñanza de la juventud y restauración de la cría y casta de caballos que tan perdida se halla”.

Como vemos en el documento existe un verdadero interés, por parte de la corona, en mantener este tipo de institución, las maestranzas, ya que supone una manera de tener activa a las noblezas locales de las principales ciudades, y sobre todo y los más importante en estos momentos para Felipe V, es un medio para poder proveerse de caballos, para los regimientos reales, además de tener contenta y distraída a estas oligarquías.

Recibida la Real Provisión, se constituye la Maestranza, tomando como patrona titular a la Virgen de los Remedios, y aprobando el fiscal de la Junta de Caballería del Reino, las ordenanzas por las que se debían regir, que prácticamente eran las mismas que las establecidas para la Maestranza de Sevilla, salvo algunos artículos del cuerpo legal, especialmente redactados y adaptados a la circunstancias de Antequera. Ya para concluir indicar que fueron maestrantes de la Real Maestranza de Caballería de Antequera, d. Juan de Gálvez y Segura, d. Martín Serón y Mancha, d. Francisco Tomás de Santiesteban, el Marques de la Peña de los Enamorados, el Marques de Villanueva del Castillo, el Conde de la Camorra, d. Pedro Colarte y Aguirre, d. Andrés de Casasola, entre otros muchos.

En principio no tenemos más noticias ni datos sobre esta desconocida institución antequerana, sabemos que al menos hasta finales del siglo XVIII, continuó existiendo, y por supuesto la afición por los toros es algo que quedó arraigado de hecho la ciudad edifica en 1848 un plaza de toros fija, donde se trasladan los tradicionales celebrados en el coso de San Francisco.

 

(1) A.H.M.A. Fondo Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 35,

     carpeta nº 131.

(2) A.H.M.A. Fondo Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección 1.Ayuntamiento Pleno Libro número 1.600

(3) A.H.M.A. Fondo Municipal. A.M.A., Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 35

     carpeta nº 127.

(4) A.H.M.A. Fondo Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 35

     carpeta nº 149.

(5) A.H.M.A. Fondo Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 43

     carpeta nº 72.

 

 

 

                                                                                                     

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