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240.-
Año 2008.- Citas del
linaje Chacón en la obra de D. Juan Manuel Moreno García: “Antequera
Callejero histórico”. En el Capitulo de la Calle Pasillas: Los Chacones se establecieron en
calle Pasillas mucho después que los Narváez. Gonzalo Chacón, Alférez y
Alguacil Mayor y sus hijos y descendientes, ocuparon siempre sus moradas en la calle Ancha de la Villa.
Hasta que en 1679 el Rey Carlos II otorgó el título de Conde de Mollina
a Don Francisco Chacón Enríquez quien probablemente a partir de esta fecha
pasase a vivir a calle Pasillas aunque no por mucho tiempo. En el Capitulo de la Calle del Río: En 1710 son vecinos
de la Calle del Río Don Gabriel de Ribas desposado con Doña Beatriz de
Haro y su hijo el Presbítero Don Luís de
Ribas. Sigue la casa Chacón de Valenzuela personificada en Doña Felipa, Doña Florencia y siete personas más. Doña Felipa falleció en la Calle de Río en 1727, testó ante el
Escribano Baltasar Francisco Castellanos y legó a la Virgen del Rosario un
anillo de oro y esmeraldas. En el Capitulo de la Calle de los Chacones: Calle desaparecida perteneciente a la
feligresía de San Isidro desde 1590-1667. Estuvo situada por encima de la
Calle Palomos. En 1571 tuvo dos casas en ella Juan de Ojeda. En 1590
contabilizó 15 vecinos, entre ellos Francisco Chacón Narváez desposado con
María Fernández de Salinas y su hijo Francisco Chacón, además de Francisco
Martín Pedraza y Martín Alonso Recio. Tuvo su asiento en ella
el linaje Chacón desde las primeras décadas del siglo XVII hasta que
alcanzado el Marquesado de Cela pasaron después en los siglos XVIII y
XIX a establecerse en la Alameda y calle Mesones buscando la colateralidad
con la burguesía antequerana. Desde 1667 por
determinación del Señor Obispo de Málaga Fray
Alonso de Santo Tomás desapareció la Calle de los Chacones y su feligresía se
integró en la Calle Palomos (mitad al cuidado de la parroquia de Santa
Maria, mitad al cuidado de la de San Juan). En el capítulo Plaza de Capuchinos, al hablar de una
visita de Eugenio Noel, dice: Y Rafael Chacón Enriquez, el veterano, el aristócrata, no se cansa de
hablar de los viejos tiempos de la historia de Antequera tan olorosos como el
vino que se guarda en las bodegas abaciales. De
Rafael Chacón (dirá Eugenio Noel) que es imposible olvidarle, lleno de
talento, de fe, de bondad, envenenado todo entero por el amor de las rancias
épocas en las que sus antepasados ocuparon los altos sitiales de oro. ¡¡Oh, si vierais
aquél rostro suyo palidecer cuando en la iglesia de San Sebastián ante
el sarcófago de Narváez decía: “Este
esqueleto tiene un fémur de uno de los Chacones” !!. En el
capítulo Alameda de Andalucía,
sobre Rafael Chacón Enríquez, memorable personaje de la Alameda: Nació nuestro personaje en la
anchura de la Alameda, a un tiro de piedra de la Capilla Tribuna de la Virgen
de los Remedios, en el centro cronológico del siglo XIX. Hay que rastrear su
estirpe hasta enlazar con aquel famoso caballero Gonzalo Chacón que acompañó
al Infante Don Fernando en la conquista de Antequera en 1410 y luego se
afincó definitivamente en la ciudad y ostentó el cargo de Alférez y Alguacil
Mayor. Los Chacones (Señores de Chacón Aguilar, Chacón Urbina, Chacón Romero
de Cisneros y Chacón Enríquez) tuvieron sus casas principales en la Alameda
antequerana en línea con la acera derecha de la calle Cantareros. Presidía el
vestíbulo de la mansión un bellísimo óleo de proporciones gigantescas con el
blasón del ilustre apellido dividido en cuarteles. En el primero y en el
cuarto, sobre fondo de plata, un lobo andante de sable. En el segundo y en el
tercero, de azur, una flor de lis de oro. Tapices, cortinajes y alfombras
realzaban el exquisito gusto de quienes habitaban en ella. Fue en este elegante escenario
donde tuvo lugar la infancia de nuestro personaje. Las semblanzas escritas
que se han hecho de Rafael Chacón y han llegado hasta nosotros, enfatizan el
sello bohemio, estrafalario y trotamundesco de su
persona. Muchos dicen que acabó su vida en la mayor de las miserias; quedóse sin arrestos suficientes para trabajar
ordenadamente y ahorrar para su vejez. Pudo ser verdad, pero no es toda la
verdad. Era un asténico. Quienes lo
conocieron dicen que le costaba arduo sacrificio hacer una cosa. Mucho más
hacer dos. Anduvo por Europa, de un lado a otro, y frecuentó los círculos
literarios y artísticos de Madrid y Barcelona entre los años 1890-1910. Allí
se europeizó. Después regresó a su Antequera del alma haciendo ver a sus
compatriotas que era “culto y políglota”, pues hablaba perfectamente el
francés y el italiano y conocía también el inglés y algo de alemán. Apoyado
en su hermano Alfonso (Alcalde de Antequera por tres meses) solicitó insistentemente
el cargo de Archivero Municipal sin poder conseguir un nombramiento
definitivo a su satisfacción. Entró entonces –a partir de 1910- en las faenas
y tertulias literarias de la ciudad. Publicó artículos en El Heraldo de
Antequera, en la Unión Liberal y en Patria Chica (de la que llegó a ser
Director en 1916). Fue creador de las Revistas La Malva, Papabellotas y Don Manolito. Se le veía con
frecuencia pasear por las calles, el cigarrillo prendido entre los labios y
el cayado del bastón a las espaldas cogido el barrote entre sus dos manos.
Desaliñado en el vestir y ajeno al que dirán. Antequera tiene una asignatura
pendiente con este hijo suyo, en cuya persona concurrieron junto al yerro y
las malas usanzas, la virtud y elegancia del espíritu. Hablemos hoy del otro
Rafael Chacón. Del escritor y no del escribidor.
Esto es, del que vivió para escribir y no escribió para vivir. Del defensor
acérrimo de la Ciudad de Dios. De quien supo derribar los pies de barro de
los héroes míticos y el secular estado señoritil
antequerano tan distinto y distante de los afanes sencillos de las clases
populares. De quien vino a menos porque nunca dejó de ser más. Rafael Chacón es, pues, un
exponente del humanismo antequerano digno de rescate. Vale por el interior de
su espíritu y no por el frágil envoltorio de su carne y endebleces.
Vale por el amor a su tierra, a su historia, a sus tradiciones y su arte.
Vale por lo mucho bueno que dijo de Socorro y Paz, de Remedios, Soledad y
Consuelo. Pero sobre todo, Rafael Chacón Enríquez vale por el ejercicio de un
periodismo agresivo y veraz, testimonial y didacta,
que no se compra ni se vende. Que dice verdades como puños. Gustó de utilizar el seudónimo de “Papamoscas”
en sus primeros escritos. Después prefirió estampar su propio nombre al pié
de sus artículos, así de sencillo y así de claro. Fue extraordinario amigo de
sus amigos, entre los que hay que citar al Sr. Alcalde Don Francisco Guerrero
Muñoz (a quien le regaló un cuadrito al óleo sobre la inauguración de la
Capilla de San Salvador compuesto por sus propios pinceles), al charlista y
literato Eugenio Noel y a su paisano Luis Moreno Rivera. Ambicioso de verdades, aplicado, impaciente y en
constante tensión hacia lo eterno. Hay que hablar de él cuando se cita a la
Alameda antequerana. Imprescindible. 241.- Año
2008.- LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE
ANTEQUERA.- Por José Escalante
Jiménez, Director del Archivo Histórico
Municipal de Antequera. El término “maestranza”, designa a las sociedades o también llamadas cofradías
de caballeros, cuyo instituto y fundación en origen, era el ejercitarse en la
equitación. Nace a iniciativa de la Corona, a fin de que la nobleza, se
ejercitase en el manejo de las armas. La caballería era un arma fundamental
en la estructura de los ejércitos durante la edad moderna, el rey necesitaba
disponer de una buena masa de jinetes bien entrenados y dispuestos para
intervenir militarmente. El único problema que se planteaba
era el alto costo de mantener una fuerza operativa de estas características.
Con las maestranzas se obtenían escuadrones de caballería, perfectamente
entrenados y gratis. La formula planteada
era ingeniosa: por un lado se ilusionaba a los jóvenes nobles para que
se entusiasmaran ante la posibilidad de formar parte de un cuerpo de honor y
por otro, se halagaba su orgullo de caballeros dispuestos a dar la vida si
era necesario por la persona de su rey y la integridad de la patria. Se comenzó dando a estas corporaciones
un sentido religioso, constituyéndolas como cofradías, sufragaban ciertas
celebraciones religiosas, como las fiestas
de los Santos Patrones, titulares, organizaban espectáculos, como los
juegos de cañas, follas y toros, al tiempo que se ejercitaban en el manejo de
las armas. En este sentido las Reales
Maestranzas, se organizan, estructural y corporativamente como cofradías, de
esta forma, tenían un hermano mayor, cargo que, en principio le era reservado
al rey, un maestro, un fiscal, diputados, escribano, portero, capellán, y
cargos propios como el comisario de clarines. Es Felipe II, quien creó la
primera Maestranza, mediante una Real Cédula dada en Madrid el 6 de
septiembre de 1572. El rey argumentaba que para proteger a la corona convenía
que los caballeros que tenían escaso conocimiento de artes militares formaran
cofradías con el patrocinio de algún Santo. En principio la Real Cédula, es
remitida a las ciudades de Ronda, Sevilla, Jerez y Antequera. Atendiendo a los deseos de Felipe II, los caballeros de
Ronda en Junta del 3 de agosto de 1573 forman la Maestranza de Caballería de
Ronda con el patrocinio de Nuestra Señora de Gracia. Se constituyen con un
número ilimitado de miembros, para formar parte de ella se exigía ser
español, profesar la fe católica, probar la nobleza de sus dos primeros
apellidos, acreditar una excelente conducta moral. El uniforme que usaban se
componía de espada con empuñadura ornamentada, casada y pantalón de paño
azul, cuello, solapa y chupa encarnada. En Sevilla, la nobleza constituye su cofradía o maestranza
con el patrocinio de San Hermenegildo, siendo disuelta al poco tiempo,
reconstituyéndose a mediados del siglo XVII, y nuevamente incentivada por
Felipe V en la segunda década del siglo XVIII. En cuanto a Antequera, se conserva la Real Cédula mandando
constituir la cofradía de caballeros, que junto a esta líneas reproducimos: “Concejo, justicia, regidores, caballeros, jurados,
escuderos, oficiales y hombres buenos de la ciudad de Antequera, sabed que
algunas personas celosas de nuestro servicio y del bien nos han hecho
relación y representado que como sabíamos en estos nuestros reinos cuanto en
otros lugares de la cristiandad había gran nobleza y número de caballeros
cuyo propio oficio, ministerio y ocupación cumpliendo con la obligación de su
estado y con lo que así mismo deben era el uso y ejercicio de las armas y el
estar muy dispuestos y aparejados para las ocasiones de nuestro servicio y de
la causa y que así en los tiempos antiguos acostumbraron estar muy en orden
de caballos y armas y muy usados y ejercitados en los actos militares y que
ahora parte con la paz y ocio de tantos años que ha causado en esto de las
armas descuido parte por ocupaciones e impedimentos mucha parte de la dicha
nobleza y caballeros estaban desarmados y sin caballos y con muy poco uso y
ejercicio de las armas y actos militares, lo cual iba de cada día en tanta
disminución y quiebra que consiente el estado de que tan principalmente
perdía la fuerza de nuestro servicio y la seguridad y defensa de los reinos,
como quiera que los ánimos suyos estarían siempre muy prontos y dispuestos
para nos servir se hallarían con tan poco aparejo y disposición y tan
impedidos que lo pudiesen mal hacer... ...sería
muy conveniente que en las ciudades, villas y lugares de estos reinos los
caballeros y hombres principales y de igualdad fundasen e instituyesen entre
sí alguna cofradía, compañía o orden debajo de la advocación de alguno santo
con las ordenanzas, condiciones y capítulos que por ellos entre otras cosas,
se ordenasen fiestas en algunos días señalados, de justas torneos y juegos de
cañas y otros ejercicios militares...(1). La ciudad de Antequera, se reunió en Cabildo el diez de
octubre de 1572, dando traslado de esta Real Cédula, y remitiendo a su majestad
el acuerdo tomado sobre instituir en la ciudad y por sus hijosdalgos, una
cofradía de caballeros en conformidad con los deseos reales (2). En realidad en Antequera, existía desde antiguo el gusto
por parte de la nobleza local de la práctica de ejercicios de caballería,
entre los que destacaban los que ellos llamaban follas, lance del torneo en
que batallaban dos cuadrillas desordenadamente, en el que tenía participación
un toro este divertimento se conocían en la ciudad desde su conquista, de hecho
se conservan dos Reales Provisiones una de 1571 (3) y otra de 1575 (4), por
las cuales se mandan absolver de la censura eclesiástica a los caballeros de
Antequera, que en los días festivos de San Juan Bautista y de la Asunción
habían corrido y lidiado toros y se había ocupado de otros festejos. La Real
Cedula de Felipe II, viene pues, a suponer un respaldo legal para el
desarrollo de estas practicas censuradas y prohibidas por la estricta y
mediática mentalidad eclesiástica. Sabemos que al menos hasta 1703, los caballeros
antequeranos continúan de forma habitual con las prácticas de correr toros y
los lances de follas, ya que en este año el Concejo recibe otra Real
Provisión (5) de su majestad, en la que se manifiesta que los caballeros de esta ciudad, habían presentado petición “...diciendo
que de tiempo inmemorial a esta parte desde el día de San Juan de cada año
hasta fin de octubre estaba en estilo hacer un festejo en esta ciudad en la
plaza y coso de San Francisco todos los domingos y días festivos que de le
daba el nombre de folla porende se ejecutaba el
manejo de los caballos haciendo escaramuzas y los demás ministerios en que
era preciso tuviesen escuela para si se ofreciera ir a serviros con ellos que
estuviesen diestros; y se corrían tres o cuatro toros, o novillos con cuerda
atándolos a una argolla que hay en mitad de la plaza”, en la que se
ratifica la práctica, de estos divertimientos, ante un nuevo intento por
parte de la iglesia de suprimirlos. Debió de existir algún tipo de problema algunos años
después, ya que en octubre de 1727, don Diego Chacón de Rojas y su hijo Juan,
elevan un memorial al rey, en el que manifiestan “..compadecidos
algunos caballeros procuran desterrar una tan vergonzosa como torpe desidia,
afrenta del honor y lunar ofensivo de la nobleza...”, continuando “...cuán
conforme a las leyes de la milicia, cuan decente al estado de los nobles, el
loable ejercicio de los caballos que en esta Maestranza como escuela de Marte
se aprendía, no tanto con las reglas cuanto con la experiencia, sirviendo de
incentivo la emulación y de espuela el honor”. Este memorial, forma parte de
un interesante expediente que se conserva en el Fondo del Ministerio de la
Guerra, en el Archivo General Militar de Segovia, intitulado: “REGLAS DE LA
MAESTRANZA DE LA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE ANTEQUERA, dirigida con
estatutos a el más gallardo acierto, que asegura en el patrocinio de MARÍA
SANTÍSIMA y soberana Princesa con el glorioso apellido de LOS REMEDIOS,
patrona esclarecida de esta ilustre República. Y ahora por elección de lo más
generosos y nobles Individuos, Maestra, Protectora de bizarros intentos, Para
gloria de Dios, Lustre de la Ciudad, Blasón de la Nobleza”. En este expediente se recogen entre otros documentos, la
respuesta real al memorando en la que se ordena la reconstitución de la
Maestranza antequerana, en estos términos: “Por parte de D.
Diego Chacón de Rojas, D. Juan Chacón de Rojas y otros caballeros de esta Ciudad, se
representó que en ella había la costumbre inmemorial de varias fiestas, que
daban principio el día de señor San Juan y señor San Pedro, y proseguían
todos los domingos, hasta el me de Noviembre que empezaban las lluvias, que estas fiestas se llamaban
follas y que se reducían a diferentes manejos a caballo a la jineta, y brida,
de cañas, alcancías, escaramuzas, cabezas, sortija, y estafermos en que no
solo se ejercitaban los caballos, sino todos los caballeros en el manejo de
las armas, y escuela de caballos con la cual estaban prontos, para servir a
su majestad, como lo ejecutaron el año de 1702 cuando los ingleses tomaron el
Puerto de Santa María, y en los años de 1704 y 1706, que se asistieron a
Málaga, lo que no pudieran haber hecho de no estar ejercitados en estos
ejercicios y tener caballos prontos, y habiendo su majestad mandado prohibir
el uso de pistolas, habiendo cesado por esta razón los expresados manejos de
que resultaba no haber sujetos prácticos, y perderse la afición a la cría de
caballos lo que su majestad por repetidas órdenes modernas tiene mandado se
cuide, a fin de conseguir su aumento y conservación y que para que en esta
ciudad pudiese haber abundancia de ellos, y estar ejercitados y prontos no
sólo para cualquier urgencias del Real servicio, así de guerra como de
fiestas reales y los caballeros, y sus hijos en el manejo de las armas,
suplicaron se sirviese concederles el uso de las pistolas, cuando salgan a
caballo; y enterado el Rey de todo lo referido y de lo demás que la Junta de
Caballería del Reino paso en su real noticia; por resolución a consulta de
ella de 5 de octubre del año próximo pasado ha venido su majestad en conceder
licencia al referido D. Diego Chacón
de Rojas, D. Juan Chacón de Rojas y a otros caballeros de esa Ciudad para
que lleven pistolas de arzon a caballo cuando vayan
a hacer los ejercicios y con declaración de que siempre, que cualquier de
estos caballeros y de los que se recibieren para estas funciones de plaza llamadas follas fuere a caballo
en su traje natural de caballero, sin
reboso por la calle a paseo público, se entienda y deba entender como acto de
este ejercicio, sin que pueda ser reparo el si rodea o no para ir a sus
funciones y picaderos en la misma conformidad que se sirvió su majestad
concederlo a las hermandades de la Maestranza de las ciudades de Sevilla y
Granada, de cuya Real deliberación participo a V.S.
de acuerdo de la Junta a fin de que enterado de ella, a los mencionados
caballeros no se retarde, poner en práctica este noble ejercicio, como lo
espera la Junta de su celo, por lo importante que es a la buena enseñanza de
la juventud y restauración de la cría y casta de caballos que tan perdida se
halla”. Como vemos en el documento existe un verdadero interés,
por parte de la corona, en mantener este tipo de institución, las
maestranzas, ya que supone una manera de tener activa a las noblezas locales
de las principales ciudades, y sobre todo y los más importante en estos
momentos para Felipe V, es un medio para poder proveerse de caballos, para
los regimientos reales, además de tener contenta y distraída a estas oligarquías. Recibida la Real Provisión, se constituye la Maestranza,
tomando como patrona titular a la Virgen de los Remedios, y aprobando el
fiscal de la Junta de Caballería del Reino, las ordenanzas por las que se
debían regir, que prácticamente eran las mismas que las establecidas para la
Maestranza de Sevilla, salvo algunos artículos del cuerpo legal,
especialmente redactados y adaptados a la circunstancias de Antequera. Ya
para concluir indicar que fueron maestrantes de la Real Maestranza de
Caballería de Antequera, d. Juan de Gálvez y Segura, d. Martín Serón y
Mancha, d. Francisco Tomás de Santiesteban, el
Marques de la Peña de los Enamorados, el Marques de Villanueva del Castillo,
el Conde de la Camorra, d. Pedro Colarte y Aguirre, d. Andrés de Casasola, entre otros muchos. En principio no tenemos más noticias ni datos sobre esta
desconocida institución antequerana, sabemos que al menos hasta finales del
siglo XVIII, continuó existiendo, y por supuesto la afición por los toros es
algo que quedó arraigado de hecho la ciudad edifica en 1848 un plaza de toros
fija, donde se trasladan los tradicionales celebrados en el coso de San
Francisco. (1) A.H.M.A. Fondo
Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 35, carpeta
nº 131. (2) A.H.M.A. Fondo
Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección 1.Ayuntamiento Pleno Libro número 1.600 (3) A.H.M.A. Fondo
Municipal. A.M.A., Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 35 carpeta
nº 127. (4) A.H.M.A. Fondo
Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 35 carpeta
nº 149. (5) A.H.M.A. Fondo
Municipal. A.M.A. Sección: 1.Gobierno. Subsección: 8. Disposiciones y Autoridades Supramunicipales. Legajo número 43 carpeta
nº 72.
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